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Buchito en el Versailles: café y elecciones

Luz Escobar

El Versailles huele a café, intenso y breve como el que tomaron a mares algunos de los que este martes en la noche esperaban los resultados electorales en Florida. Exiliados de hace cinco décadas, jóvenes que mezclan el inglés con el español y recién llegados de la Isla que apuraron un sorbo mientras se iban sabiendo, poco a poco, los números que arrojaron las urnas.

El otoño no existe en Miami y la noche de este martes el sudor corría por la frente de Julita, una cubana que lleva dos años en Florida después de lograr entrar por la frontera con México cuando todavía estaba en vigor la política de pies secos/pies mojados. A las afueras del restaurante más emblemático del exilio cubano, la mujer reía, lanzaba unos pasillos de baile y ondeaba una pequeña bandera de la Isla.

La alegría de Julita, de 68 años, no brotaba de que sus candidatos favoritos hubieran salido airosos en las urnas, pues en realidad todavía no tiene pasaporte estadounidense y no puede votar en las elecciones. Sin embargo, eran los primeros comicios que vivió en tierras del Tío Sam y todo fueron sorpresas para ella, una antigua militante del Partido Comunista que ahora evita hablar de su pasado.

Con dos hijos ya nacionalizados en Estados Unidos, la cubana ha tenido semanas intensas. “Le tuve que decir a mi familia que no íbamos a hablar de política en la mesa porque siempre terminamos peleados”, asegura, sorprendida por la pasión que han desatado estas elecciones de mitad de mandato, pero a la vez disfrutando “el jelengue que se armó”.[[QUOTE:Los cubanoamericanos en Florida vivieron un tenso ambiente antes de unas elecciones legislativas en las que hubo varias sorpresas y numerosas decepciones]]Los cubanoamericanos en Florida vivieron un tenso ambiente antes de unas elecciones legislativas en las que hubo varias sorpresas y numerosas decepciones. “Yo le voté a María Elvira Salazar porque es muy carismática y además es cubana”, cuenta Rodolfo Morejón, otro cubano que apuraba el café a las afueras del Versailles a la espera de que se publicaran los datos definitivos del recuento.

Las redes sociales llevaban semanas hirviendo en una verdadera batalla campal donde numerosos amigos llegaron a insultarse, conocidos de toda la vida se bloquearon y cada manifestación a favor o en contra de un candidato levantaba ronchas por todos lados.

Salazar, una figura ampliamente conocida dentro y fuera de la Isla por su larga trayectoria como periodista en la televisión de Florida, fue una de las derrotadas de este martes, donde el pulso por el distrito 27 lo ganó su contrincante Donna Shalala, ex presidenta de la Universidad de Miami. La victoria de ésta última puede leerse en clave de una “descubanización de la política” en la ciudad con más exiliados de la Isla.

Shalala se reunió para celebrar con sus simpatizantes en el Woman’s Club de Coral Gables. Desde allí habló a sus seguidores que no quitaban la vista de una enorme pantalla que transmitía los resultados y gritaban eufóricos cada vez que llegaba una victoria para el partido demócrata y una zona del mapa de los Estados Unidos se pintaba de azul.

“Ganó la mejor”, gritaba uno de sus votantes congregados en el Versailles y que iba ataviado con el color azul de los demócratas y la bandera de la estrella solitaria en la gorra deportiva. “No importa si es cubana o estadounidense, joven o vieja, más carismática o menos carismática, lo que importa es que sea una persona decente y trabajadora”, agregó a voz en cuello.

Annie Betancourt, otra demócrata de 70 años, también se sintió satisfecha porque Shalala lograra el escaño que dejó libre la republicana Ileana Ros-Lehtinen. “Hizo una campaña positiva basada en sus conocimientos, es una persona tiene experiencia de Gobierno y de los temas políticos que les importan a los votantes del distrito tales como la salud y la educación”, opina esta cubana residente en los Estados Unidos desde 1960 y que fue representante estatal en Tallahassee.[[QUOTE:La conmoción también llegó a la Isla, donde a través de las ilegales antenas parabólicas muchos siguieron el paso a paso del proceso, más por curiosidad que por real interés]]La conmoción también llegó a la Isla, donde a través de las ilegales antenas parabólicas muchos siguieron el paso a paso del proceso, más por curiosidad que por real interés. En la barriada de Centro Habana, María Eugenia y Gerardo, ambos jubilados y con hijos residentes en Florida, estuvieron toda la noche pegados al televisor para no perderse “el espectáculo”.

“No entendemos mucho pero al menos se ve a la gente que se preocupa por quiénes van a hacer sus representantes y van con entusiasmo a las urnas”, opina María Eugenia, que pasada la medianoche vio el último parte a través de una cable que un vecino, a 200 metros de distancia, le alquila por 20 dólares al mes para disfrutar de una programación totalmente estadounidense.

“Ahora cuando mi hija me llame ya puedo comentarle como si hubiera estado ahí”, asegura la jubilada que reconoce no haber participado en las discusiones barriales sobre la nueva constitución. “No, para qué, vaya o no vaya no cambia nada, por eso es tan distinto”.

A cientos de kilómetros de la antena parabólica perseguida y los jubilados que miran las elecciones como quienes ven un espectáculo, el café del Versailles no pierde ni el calor ni la intensidad. En la medida en que se confirman los perdedores y ganadores, sabe más amargo para unos y más dulce para los otros.

La noche la remata una joven cubanoamericana que lleva en su mano un sello que reza I Vote. Intercala palabras en español y en inglés y celebra lo importante de ir a votar porque para ella “cada voz es importante” y “aunque no todos pensamos igual, es bueno salir y expresar lo que queremos con el voto”.

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