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¿Con qué socialismo democrático sueña Hans Modrow?

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Hans Modrow (ACN)

LA HABANA, Cuba. – Hans Modrow, que fue el último primer secretario del Partido Socialista Unido Alemán (PSUA, comunista) y presidente del Consejo de Ministros que hubo en Alemania Oriental antes de que se produjera la reunificación de las dos Alemanias en octubre de 1990, y que ahora se conforma con ser el presidente del Consejo de Veteranos del Partido La Izquierda (Die Linke), acaba de visitar Cuba, donde fue agasajado y condecorado el pasado 8 de febrero.

Durante su visita, Modrow se deshizo en elogios para los regímenes de Cuba y Venezuela. Esa admiración por dos regímenes burdamente antidemocráticos pudiera parecer incongruente en un político cuyas ideas reformistas y prodemocráticas le trajeron no pocos problemas con el régimen de Erich Honecker y con Moscú.

Recordemos que Modrow, quien fue considerado en Occidente como la versión germana de Gorbachov, durante su muy corto periodo de gobierno (noviembre de 1989-marzo de 1990) inició las conversaciones con la oposición prodemocrática y disolvió la Stassi, una de las más temidas policías políticas de los países comunistas.

Pero, luego de 30 años de la caída del Muro de Berlín, Modrow no baja el octanaje zurdo, y cada vez que tiene una oportunidad, reitera su tesis de que lo que fracasó en Europa Oriental fue el socialismo real y no la idea socialista en sí. Entonces, asegura que el socialismo, pero uno de tipo democrático, sigue siendo la alternativa a los problemas del mundo del siglo XXI.

Uno pudiera creer que Modrow se refiere a la socialdemocracia de los países nórdicos, pero no: a juzgar por sus declaraciones en La Habana, lo que tiene en mente es nada más y nada menos que el castrismo posfidelista y el régimen de Nicolás Maduro.

O Modrow está muy mal informado sobre Cuba y Venezuela o su concepto de democracia apenas tiene que ver con lo que normalmente se entiende como tal.

Tal vez Modrow no tenga muy claro lo que es la democracia, vaya usted a saber el apellido que le ponga (¿popular, participativa, dirigida, centralizada?). Pero él, que aunque un poco más decente que sus abominables predecesores (Walter Ulbricht, Erich Honecker y Willi Stoph), fue el último de los mandatarios satélites de la Unión Soviética, conoce perfectamente lo que es la tiranía comunista.

Dio prueba de ello en su libro “La Perestroika: impresiones y confesiones”, escrito en 1998 y que fuera publicado en Cuba en el año 2015 por la Editorial de Ciencias Sociales, por cierto, con una tirada bastante limitada (6 000 ejemplares), probablemente para evitar que muchos cubanos lo leyeran y se embullaran con lo del “socialismo democrático”.

Las valoraciones que hace Modrow en su libro acerca del socialismo y la Perestroika —que asegura era “más que necesaria, imprescindible”— resultan muy interesantes, a pesar de que nos deja con las ganas de saber más sobre los hechos que rodearon la caída del Muro de Berlín, por ejemplo, que explicara sobre aquel “error” de Gunter Schabowsky, el miembro del Politburó del PSUA que en noviembre de 1989, con una palabra mal dicha o malinterpretada en la turbación reinante, provocó que echaran abajo el Muro que dividía Berlín.

En el libro, Modrow hacía un descarnado análisis de las causas que condujeron a la desintegración del bloque soviético y algunas acotaciones curiosas, como cuando considera “mejor y más conceptualmente enfocada en la consecución de un socialismo más humano” a la Primavera de Praga de 1968, frustrada por la intervención soviética, que a la Perestroika.

Modrow, que fue testigo de primera mano de los hechos, intentó ser objetivo en su libro, particularmente respecto a Mijail Gorbachov, pero no lo consiguió. Le reprochó lo que considera “su ingenuidad en sus tratos con Occidente”, su fracaso en perfeccionar el socialismo y casi que le culpa del fin de la RDA.

Aunque Modrow se queja del “monitoreo dictatorial de Moscú sustentado durante décadas” sobre los regímenes de los países socialistas de Europa Oriental, esperaba que a última hora la Unión Soviética hiciera sentir de nuevo su dominación, impidiera la unificación y salvara aquella entelequia artificial, impuesta por el ejército soviético y que fue regida por dictadores como Walter Ulbricht y Erich Honecker.

Modrow, que en su momento proclamó “Alemania, patria unida” se queja amargamente de que esa patria se haya convertido en “una República Federal Alemana más grande”, como si hubiese existido otra opción mejor.

Ahora, Hans Modrow se muestra ilusionado y solidario con el castrismo y el régimen de Maduro, como si fueran modelos de democracia para el mundo. Dicen que “perro huevero, aunque le quemen el hocico”…

luicino2012@gmail.com

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