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“Me mataron a mi hija”, denuncia la madre de una niña fallecida después de una vacunación en Cuba

Luz Escobar

La denuncia de Yaima Caballero Peralta es dura, durísima. “Me mataron a mi hija”. Así lo denunció durante todo el día de ayer en las redes sociales. “Ayer me pasé de las 24 horas que tiene el día, 23 haciendo denuncias y ahora necesito un descanso”, dice a 14ymedio este sábado a través de la línea telefónica.

Su relato es desolador. El pasado lunes, 7 de octubre, llevó a su hija Paloma Domínguez Caballero a vacunarse en Alamar, en la periferia de La Habana, sin imaginar que con eso comenzaba una pesadilla que todavía no termina.

“Acudí con mi niña de un año a ponerle la vacuna que le aplican a todos los niños de esa edad que se llama PRS [contra papera, rubéola y sarampión] al policlínico de mi área que se llama Enrique Betancourt Neninger. Antes de hacer esto siempre la doctora de la familia la examina y determina si la bebé está en condiciones de recibir esta vacuna porque tiene que estar completamente saludable para poder aplicarla porque ellos si son muy estrictos en estos casos para que no haya ninguna reacción adversa”, narró la madre a este diario.

Explicó que después de ese examen físico la doctora pudo determinar que la niña estaba “totalmente sana” y le dan la autorización para ponerle la vacuna.”Más o menos sobre las 10 de la mañana fue aplicada y luego de dos horas comenzó la pesadilla. Tuvo su primer vómito a las 12 del día y luego otro y otro, me asusté y llamé a una doctora amiga que me recomendó ir al policlínico a que le pusieran gravinol para aliviar estos síntomas”, detalló.

Cuando llegó al policlínico ya los vómitos estaban disminuyendo pero cuenta que la piel de la niña “comenzó a ponerse un poco colorada” y decidió irse por sus medios, sin ser remitida, para el hospital Luis Díaz Soto, conocido como “El Naval”.[[QUOTE:”Más o menos sobre las 10 de la mañana fue aplicada y luego de dos horas comenzó la pesadilla. Tuvo su primer vómito a las 12 del día y luego otro y otro”]]En esa instalación le hicieron análisis de orina y sangre, y después de media hora “le dieron bien”, explica Caballero.

“El médico que nos atendió no quiso que nos fuéramos para la casa porque había tenido fiebre y cómo hay mucho dengue por ahí a pesar del buen resultado podía ser algo que no andaba bien y por eso me sugirió que fuera a un pediatrico”.Así hizo, también por sus medios, se fue para el hospital Borras-Marfán, en El Vedado, y ahí recibieron a su pequeña “con la mejor de las atenciones” y que al llegar los doctores “se alarmaron que la coloración de su piel y la hinchazón de sus pies” fueran a causa de la vacuna que le habían puesto.

“Hasta ese entonces no se conocían los otros casos y pensaron que era su organismo que había rechazado esa vacuna que todos sabemos que son virus, todas están hechas con virus. Pues ahí deciden dejarla en observación 48 horas y me hacen el proceso del ingreso, pero poco a poco yo veía que se iba poniendo peor”, relató.

“Comenzó con diarreas, volvió a vomitar y aunque tomaba demasiada agua no orinaba nada y por eso la hinchazón”, agrega la madre, que intenta por estos días alejarse de su barrio, de su rutina y todo aquello que le recuerde a su hija.[[QUOTE:”Comenzó con diarreas, volvió a vomitar y aunque tomaba demasiada agua no orinaba nada y por eso la hinchazón”, agrega la madre, que intenta por estos días alejarse de su barrio, de su rutina y todo aquello que le recuerde a su hija]]Una hora después de ingresarla, tenía la vena canalizada para poder hidratarla con un suero porque, según explica, se estaba deshidratando. “Entonces comenzó la fiebre porque la dipirona que le pusieron no le hizo nada y se la tuve que bajar yo con compresa que le puse como dos horas”. 

Caballero cuenta que los médicos no dejaron de pasar a ver a su hija. “Pero nadie hacía mucho al ver la forma de cómo iba empeorando, yo estaba asustada pero muy asustada la verdad”, confiesa. 

A las cinco de la madrugada del martes pasó un médico que “la vio tan mal” que llamó a todos y decidieron pasarla rápido para terapia intensiva.

La noticia le cayó como “un cubo de agua fría” pero asegura que se llenó de valor y fue con su hija mientras veía como empeoraba más y más.

“Se estaba hinchando toda y sus pies estaban cambiando de color de rojos a morados. Tuvo varias diarreas seguidas y con mucha fetidez y me doy cuenta que el brazo donde se le aplicó la vacuna se le estaba hinchando demasiado y estaba muy duro y le dolía que se lo rozara y me llamó mucho la atención y me mandaron a ponerle fomentos fríos pero estaba cada vez peor”.

Los médicos le dicen que tiene que esperar fuera porque su hija se había puesto “muy grave y estaba en estado crítico”.

La espera se convirtió en “una agonía” pensando que no vería más a su hija. Cuando logró que saliera algún especialista a decirle algo fue para pedirle autorización para poder abrir el brazo de la niña para drenar la infección que tenía dentro. “Por supuesto que acepté, lo que fuera con tal que se salvara”.[[QUOTE:La espera se convirtió en "una agonía” pensando que no vería más a su hija. Cuando logró que saliera algún especialista a decirle algo fue para pedirle autorización para poder abrir el brazo de la niña]]Mejoró un poco después de la operación pero, a los pocos minutos, “volvió a dejar de orinar y su riñón estaba fallando y la hinchazón de los pies era cada vez más”.

A las siete de la noche del miércoles los médicos le hacen una transfusión de sangre y una diálisis porque “estaba muy malita” y “peligraba su vida”.

“Desde que me dijeron eso hasta que falleció pasó solo una hora quizás, pero explicación ninguna, solo que habían hecho todo lo posible y les creo porque de verdad estuve siempre ahí viendo cómo hacían hasta lo imposible. Se reunieron todos los especialistas que existen ahí para ayudarla pero bueno…Tuve que entrar después como toda una mujer y despedirme de ella y recoger mis cosas y determine que la cremaran”.La madre decidió que se hiciera una necropsia para hacer estudios y poder determinar qué causó la muerte de su hija. Le dijeron que tan solo tendría que esperar dos horas en la funeraria de Alamar.

“Pasaron muchas horas y finalmente llegó el cuerpecito de mi niña y ahí pudimos ir al crematorio y luego a su entierro. Estoy esperando que el Ministerio de Salud me dé alguna explicación o, por lo menos, el pésame. Hasta ahora solo te la matamos y ya. Pero yo aquí, de pie… no sé cómo”.

La madre de Paloma insiste en que no tiene ninguna queja contra los médicos que la atendieron. Además considera que “es muy injusto que hayan expulsado de su trabajo a la enfermera que vacunó a su hija porque es muy competente y ella no fabrica vacunas.[[[[QUOTE:La madre de Paloma insiste en que no tiene ninguna queja contra los médicos que la atendieron. Además considera que "es muy injusto que hayan expulsado de su trabajo a la enfermera que vacunó a su hija]/span>Según un certificado emitido en febrero de 2011 por el Centro para el Control Estatal de la Calidad de los Medicamentos (Cecmed) –el órgano del Ministerio de Salud encargado de verificar la idoneidad de los fármacos importados–, estas vacunas estaban entonces fabricadas en la India por la compañía Serum Institute.

Según una fuente citada por la madre de Paloma, la vacuna que mató a su hija fue producidas en Cuba. No ha sido posible contrastar esta información pero, en cualquier caso, es probable que haya una manipulación del producto en algún momento en la Isla, puesto que, según el certificado del Cecmed, esas vacunas venían en un estuche de 50 bulbos y otro de 50 ámpulas de diluente.

Esta vacuna se aplica en Cuba dos veces a lo largo de la infancia. La primera cuando el niño cumple un año y la segunda a los seis años, esta última casi siempre se inyecta a través de las escuelas primarias a los alumnos de primer grado.

En 2002, ocurrieron en la Isla tres muertes que se clasificaron como errores durante la campaña para la eliminación del sarampión al usarse un diluyente no estéril y en 2004 hubo otro fallecido por incumplimiento de las normas para aplicación de la vacuna, según reportes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en Cuba.

Sin embargo, estos datos solo pueden ser leídos en informes oficiales enviados a organismos internacionales relacionados con la salud pero nunca fueron publicados en la prensa nacional. Por regla general, el Gobierno esconde y mantiene un fuerte secretismo alrededor de cualquier hecho derivado de la negligencia médica, el mal estado de fármacos o la reacciones desfavorables a un medicamento.

Ante el silencio de las autoridades de salud y la prensa oficial la madre de Paloma Domínguez Caballero está redactando cartas para enviar “a todos los lugares que sean posibles” para encontrar una respuesta.

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